En algún caso, y sin así quererlo, establecemos nosotros mismos los problemas de comportamiento. Y diréis: ¿cómo?, pues por medio de una técnica que muchos de vosotros conoceréis:

EL MOLDEAMIENTO

Veamos un ejemplo para que podamos ver cómo sucede:

Un niño que quiere llamar nuestra atención y lo hace gritando. Una cosa que solemos hacer es atenderle y jugar con él para que deje de gritar, por lo que estamos REFORZANDO POSITIVAMENTE la conducta del niño; hacer eso provoca que dejemos de escuchar los gritos, por lo que nos convencemos de que estamos haciendo lo adecuado, lo que es un REFUERZO NEGATIVO para nosotros.

Como ante este tipo de comportamiento lo recomendable es utilizar la extinción, decidimos ignorar los primeros gritos, por lo que el niño corre hacia otra habitación y grita desde allí. Vamos a junto de él a ver qué pasa: lo sentamos y le decimos que no puede gritar, nos quedamos un rato con él y le hablamos hasta que se calma.

Nos marchamos de nuevo y poco después volvemos a oír los gritos; como ve que no vamos, empieza a tirar sus juguetes. Pensamos que no podemos permitir estas conductas y vamos a la habitación a regañarle, lo sentamos y le damos una charla sobre su comportamiento.

Partimos de un comportamiento de gritar y hemos acabado con que el niño tira sus juguetes: el niño ha empeorado su comportamiento.

¿Qué ha pasado?

Hemos reforzado conductas cada vez más disruptivas:

CONCLUSIÓN

«Si gritar no funciona, tirando mis juguetes triunfo»

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